En las metrópolis de los Estados más antiguos, así como en las de los Estados más jóvenes y en las periferias de todo el mundo capitalista, las condiciones económicas, de vida y de trabajo de los proletarios asalariados (y, alternativamente, de las clases medias en declive y de los masas proletarizadas) continúan agravándose: aumentos generalizados de los bienes energéticos y de primera necesidad (incluido el costo de la vivienda), inflación galopante (hija mayor de la “política financiera” de los bancos estatales que continúan pagando y prestando dinero, sin que esto sin embargo logre generar capital y plusvalía suficientes para elevar la tasa media de ganancia).
La masacre sin fin de las masas palestinas proletarias y proletarizadas, el caos sin salida en Libia, en Siria, en Irak, en Ucrania, la absoluta inestabilidad en Afganistán, Pakistán y áreas cruciales en África central, las decenas de millares de muertos en todos los lugares, los centenares de miles de prófugos rumbo a la nada, las destrucciones y devastaciones: no cesan de multiplicarse, de extenderse, los focos bélicos, bajo la presión de una crisis económica mundial que impone un nuevo diseño de las geografías políticas y sociales resultantes de las dos guerras mundiales del siglo XX. No es el surgimiento esporádico, aquí o allá, de conflictos locales: estamos en presencia de un punto sin retorno en el interior de una escalada que tiene como salida necesaria, desde el punto de vista de las exigencias del capital, una nueva matanza mundial.
“El partido no solo no incluye en sus filas a todos los individuos que componen la clase proletaria, sino que ni siquiera engloba a su mayoría: agrupa a aquella minoría que adquiere la preparación y la madurez colectiva teórica y de acción correspondiente a la visión general y final del movimiento histórico, en todo el mundo y en todo el recorrido que va desde la formación del proletariado a su victoria revolucionaria.
“La cuestión de la conciencia individual no constituye la base de la formación del partido: no solo cada proletario no puede ser consciente, y menos aún dominar culturalmente la doctrina de clase, sino que ni siquiera puede serlo cada militante tomado individualmente, y ni aun los jefes ofrecen esa garantía. Ésta consiste solo en la unidad orgánica del partido.
“¡No soy marxista!” (Karl Marx)
En tanto materialistas, sabemos que la lengua es una superestructura, en relación dialéctica con el modo de producción que la determina y la expresa. Sabemos también que, en una sociedad de clase, la ideología dominante es la ideología de la clase dominante, en la que la lengua está inmersa, dando voz a sus caracteres fundamentales, a las divisiones y a las relaciones de poder, contribuyendo así a influenciar el conjunto de la sociedad. En nuestro presente (con un capitalismo que ha llegado a su fase suprema, imperialista), el individualismo, que siempre ha sido uno de los aspectos de la ideología burguesa, ligado directamente al modo de producir y de consumir, empapa cada vez mas la lengua, y, a través de ella, todo el universo de las relaciones sociales.
El nuevo año se abre con mayores y mas graves sobresaltos del modo de producción capitalista: descenso imparable de los precios del petróleo y de las materias primas, altibajos vertiginosos en las divisas internacionales, permanente inestabilidad griega, dificultades de la economía rusa, ralentización de la china y de la alemana, caída en vertical de los mercados bursátiles mundiales, deflación en marcha por doquier, desempleo extendido entre altibajos.
La guerra comercial se hace cada vez más frenética, los choques inter-imperialistas se hacen mas decididos y, desde los Estados Unidos a Francia, desde Italia a Alemania, se extiende la disgregación social.
La hora de fuego de enfrentamientos que se ha verificado en Milán al margen del MayDay, durante la tarde del 1º de mayo, ha dado el vía libre al previsible coro de lamentaciones e indignación a causa de “los vándalos y alborotadores que han puesto en llamas a la ciudad”. Lamentaciones e indignación hipócritas. Desde su nacimiento, toda la sociedad burgués derrama sangre y fango desde la cabeza hasta los pies. ¿es el caso de citar ejemplos? ¡Se necesitaría una biblioteca entera para elencarlos! Basta pensar en la expropiación (violenta y sanguinaria) de los campesinos en la fase de aquella acumulación originaria que ha señado el inicio del modo de producción capitalistico; a la cotidiana explotación (violenta y sanguinaria) de hombres, mujeres y niños, característica de la revolución industrial. ¿Y no son violencia, talvez, la extracción de plusvalía, la porción siempre mayor de la jornada no pagada en la relación capital-trabajo, los accidentes y las enfermedades que consumen y destruyen vidas proletarias y son indisolubles de la ley de las ganacias, la miseria creciente que acompaña y caracteriza todo el arco de vida del capitalismo?
Habrá quien tuerza el gesto ante este título, quien crea aún en la intrínseca bondad de las “cosas tal cual son”. Pero miremos alrededor: en Bangladesh, en el derrumbe de un gigantesco edificio que albergaba numerosas fábricas de ropa (de esa que “está de moda” en cualquier país occidental), murieron mil doscientos proletarios y proletarias, explotados y malpagados, atados a la cadena del único modo de producción, en la búsqueda despiadada de beneficios; en Siria, día tras día, continúa la matanza de la población proletaria y proletarizada, en una guerra en la que están implicados e interesados los principales imperialismos, todos ellos extrayendo beneficio de las ventas legales o ilegales de armas de todo tipo.
Entre los muchos aspectos que la crisis económica pone de relieve con mayor (y más dramática) claridad está el hecho de que, sin el partido revolucionario, organizado y seleccionado, fundado sobre una teoría granítica y sobre un programa convalidado por una larga experiencia histórica y aun mas afilado por un balance de ochenta años de contrarrevoluciones, sin este partido, decimos, el proletariado mundial está solo y abandonado a sí mismo, frente al ataque desencadenado por un modo de producción cada vez mas feroz en sus manifestaciones anti-proletarias.
¡Proletarios! ¡Compañeros!
Mientras la crisis económica nos hunde en el abismo junto a nuestra condición humana y social, mientras crecen en el mundo entero el desempleo y los despidos, poco a poco comienza a agrietarse el muro de cemento, resultado de un opresivo control social ejercicio durante décadas por partidos de derechas, de “izquierdas” y organizaciones sindicales. Las primeras señales llegan de un joven proletariado inmigrado, que desafía de forma abierta a la patronal, una vanguardia que no se encierra en el silencio de los almacenes o de las fábricas, que no teme salir a la calle y reivindicar la mejora general de las propias condiciones de vida y de trabajo, y de la lucha nunca dormida de los proletarios de todo el mundo: desde la revuelta de los mineros sudafricanos a las batallas de los trabajadores argentinos, españoles, griegos, franceses, belgas, estadounidenses.
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