La hora de fuego de enfrentamientos que se ha verificado en Milán al margen del MayDay, durante la tarde del 1º de mayo, ha dado el vía libre al previsible coro de lamentaciones e indignación a causa de “los vándalos y alborotadores que han puesto en llamas a la ciudad”. Lamentaciones e indignación hipócritas. Desde su nacimiento, toda la sociedad burgués derrama sangre y fango desde la cabeza hasta los pies. ¿es el caso de citar ejemplos? ¡Se necesitaría una biblioteca entera para elencarlos! Basta pensar en la expropiación (violenta y sanguinaria) de los campesinos en la fase de aquella acumulación originaria que ha señado el inicio del modo de producción capitalistico; a la cotidiana explotación (violenta y sanguinaria) de hombres, mujeres y niños, característica de la revolución industrial. ¿Y no son violencia, talvez, la extracción de plusvalía, la porción siempre mayor de la jornada no pagada en la relación capital-trabajo, los accidentes y las enfermedades que consumen y destruyen vidas proletarias y son indisolubles de la ley de las ganacias, la miseria creciente que acompaña y caracteriza todo el arco de vida del capitalismo?
Entre los muchos aspectos que la crisis económica pone de relieve con mayor (y más dramática) claridad está el hecho de que, sin el partido revolucionario, organizado y seleccionado, fundado sobre una teoría granítica y sobre un programa convalidado por una larga experiencia histórica y aun mas afilado por un balance de ochenta años de contrarrevoluciones, sin este partido, decimos, el proletariado mundial está solo y abandonado a sí mismo, frente al ataque desencadenado por un modo de producción cada vez mas feroz en sus manifestaciones anti-proletarias.
¡Proletarios! ¡Compañeros!
Mientras la crisis económica nos hunde en el abismo junto a nuestra condición humana y social, mientras crecen en el mundo entero el desempleo y los despidos, poco a poco comienza a agrietarse el muro de cemento, resultado de un opresivo control social ejercicio durante décadas por partidos de derechas, de “izquierdas” y organizaciones sindicales. Las primeras señales llegan de un joven proletariado inmigrado, que desafía de forma abierta a la patronal, una vanguardia que no se encierra en el silencio de los almacenes o de las fábricas, que no teme salir a la calle y reivindicar la mejora general de las propias condiciones de vida y de trabajo, y de la lucha nunca dormida de los proletarios de todo el mundo: desde la revuelta de los mineros sudafricanos a las batallas de los trabajadores argentinos, españoles, griegos, franceses, belgas, estadounidenses.
“El partido no solo no incluye en sus filas a todos los individuos que componen la clase proletaria, sino que ni siquiera engloba a su mayoría: agrupa a aquella minoría que adquiere la preparación y la madurez colectiva teórica y de acción correspondiente a la visión general y final del movimiento histórico, en todo el mundo y en todo el recorrido que va desde la formación del proletariado a su victoria revolucionaria.
“La cuestión de la conciencia individual no constituye la base de la formación del partido: no solo cada proletario no puede ser consciente, y menos aún dominar culturalmente la doctrina de clase, sino que ni siquiera puede serlo cada militante tomado individualmente, y ni aun los jefes ofrecen esa garantía. Ésta consiste solo en la unidad orgánica del partido.
Prólogo
Hemos insistido otras veces en que si bien el resultado de la evolución de los sindicatos en el ámbito de la moderna fase imperialista ha transformado la estructura sindical tradicional en un auténtico órgano de control económico y social del proletariado, no por ello ha desaparecido la necesidad de la defensa económica, como no ha desaparecido el antagonismo radical y potencial del proletariado en sus enfrentamientos con el capital. La marcha de la crisis económica, las contradicciones que se abren con ella y las consiguientes derivas sociales empujan inexorablemente a los trabajadores de todos los Estados imperialistas a ese terreno de lucha, y le obligarán a darse nuevamente estructuras estables de defensa. Y este también será uno de los campos de batalla entre los comunistas y el variado frente del enemigo reformista burgués (ver nuestro folleto de agitación, Por la defensa intransigente de las condiciones de vida y de trabajo de los proletarios. Formas de organización, métodos y objetivos de lucha).
El nuevo año se abre con mayores y mas graves sobresaltos del modo de producción capitalista: descenso imparable de los precios del petróleo y de las materias primas, altibajos vertiginosos en las divisas internacionales, permanente inestabilidad griega, dificultades de la economía rusa, ralentización de la china y de la alemana, caída en vertical de los mercados bursátiles mundiales, deflación en marcha por doquier, desempleo extendido entre altibajos.
La guerra comercial se hace cada vez más frenética, los choques inter-imperialistas se hacen mas decididos y, desde los Estados Unidos a Francia, desde Italia a Alemania, se extiende la disgregación social.
¿Recuerdan? Decían que “este es, sin embargo, el mejor de los mundos posibles”, que “el estado social ha anulado las diferencias”, que “la globalización ha llevado el bienestar a todos los lugares”, que “la clase obrera está en el paraíso” y que “el proletariado ya no existe”, que “la lucha de clases está superada” (y, tras la caída del muro de Berlín y de la URSS, que “el comunismo está muerto”). Eran sociólogos y políticos, economistas y ‘opinionistas’, filósofos y periodistas, representantes de la derecha, del centro y de la “izquierda”, todos compitiendo en el reparto a manos llenas de falsa conciencia, ilusiones y desilusiones. En una palabra, una filfa.
Siempre hemos combatido estas porquerías. Lo hemos hecho refiriéndonos a nuestra teoría y de nuestra praxis, a nuestra historia y a nuestra tradición, sólidas e indestructibles durante un período de mas de ciento cincuenta años, subrayadas y confirmadas por la realidad. Gracias a ello, hemos demostrado que el modo de producción capitalista lleva la crisis en su propio ADN, que el “estado social” es sólo una de las estrategias con las cuales, en las épocas de expansión económica, el capital somete a la clase explotada gracias a las migajas que después vuelve a quitar al menor síntoma de contracción. Hemos demostrado que el proceso de proletarización es constante y acompaña la expansión del mercado mundial, que la lucha de clases nunca se detiene, porque nunca se detiene el antagonismo entre capital y trabajo. Y que ni en la URSS ni en ningún lugar existía ningún comunismo, sino puro y duro capitalismo, más o menos avanzado, más o menos de Estado.
Habrá quien tuerza el gesto ante este título, quien crea aún en la intrínseca bondad de las “cosas tal cual son”. Pero miremos alrededor: en Bangladesh, en el derrumbe de un gigantesco edificio que albergaba numerosas fábricas de ropa (de esa que “está de moda” en cualquier país occidental), murieron mil doscientos proletarios y proletarias, explotados y malpagados, atados a la cadena del único modo de producción, en la búsqueda despiadada de beneficios; en Siria, día tras día, continúa la matanza de la población proletaria y proletarizada, en una guerra en la que están implicados e interesados los principales imperialismos, todos ellos extrayendo beneficio de las ventas legales o ilegales de armas de todo tipo.
Una serie de hechos recientes, pertenecientes al mistificado y mistificador mundo de la política burguesa, aparentemente diferentes entre sí pero en realidad convergentes, nos ayudan a comprender las formas en las que, también a nivel ideológico, la clase dominante busca reaccionar ante una crisis económica que avanza días tras día, acumulando en su fondo materiales cada vez mas explosivos.
En que es la gran potencia imperialista en declive, los Estados Unidos de América, el presidente Obama ha representado, desde su elección, uno de los puntos de referencia necesarios para la gran masa de los que hemos denominado “los simples” –especie extendida por todo el globo y muy lejos de estar en vías de extinción. En el Discurso Inaugural de la reelección, tras haber jurado teatralmente sobre las Biblias de Abraham Lincoln y de Martin Luther King (dos iconos de la patria), él –o mejor su “redactor en la sombra”- se han entrelazado los típicos lugares comunes retóricos que constituyen la alegría de esta especie, dirigiéndose en particular a las principales “categorías en peligro” de la sociedad estadounidense (los negros, los inmigrantes, las mujeres, los gays) y prometiéndoles un futuro de color de rosa, un justo reconocimiento, y una consideración respetada al fin; y, como primer paso en esta dirección, mientras trata con diferentes lobbies sobre la cuestión de las “armas” (o mejor, como ya hemos visto de las…”armas de asalto”), ha prometido empeñarse en una nueva reforma de la inmigración (“nueva”, porque durante mas de un siglo se han sucedido parecidas, y cada una de ellas ha tenido un significado específico). Conceptos subrayados posteriormente en el siguiente Discurso sobre el Estado de la Unión en torno a una serie de “proyectos de reforma” realmente propios del “país de los Pitufos”.
- Mientras exista el capital no habrá paz que sea deseable, no habrá guerra que no sea infame
- Pero ¿qué es este abstencionismo?
- Libertad del capital, servidumbre del Estado.
- “Sindicato de clase”: formas organizativas, reivindicaciones y métodos
- A propósito de la situación española (después de la huelga del 29 de Marzo)
- Reaccionar a la desesperacion y al aislamiento - Reanudar, organizar, generalizar la lucha
- Profundidad de la crisis general y retraso historico de la revoluciòn proletaria
- ¡Basta de ilusiones! De la crisis no se sale La respuesta burguesa: preparación para la guerra Nuestra respuesta: prepararse para la revolución
- Ni indignados, ni rebeldes; ¡proletarios en lucha!
- Desde las metrópolis en llamas de Inglaterra
- Grecia: ofensiva contra el proletariado
- La Democracia y el Estado burgués son dos enemigos eternos del proletariado
- Un ejemplo de militarización social.
- Contra la "santa alianza " de la burguesía imperialista y su cortejo de pacifistas y partisanos: derrotismo de clase