PARTIDO COMUNISTA INTERNACIONAL: Lo que va de Marx a Lenin, a la fundación de la Internacional Comunista y del Partido Comunista de Italia (Livorno, 1921); la lucha de la Izquierda Comunista contra la dgeneración de la Internacional, contra la teoría del "socialismo en un solo país" y la contrarrevolución estalinista; el rechazo de los Frentes Populares y de los Bloques de la Resistencia; la dura obra de restauración de la doctrina y del órgano revolucionarios, en contacto con la clase obrera, fuera del politiqueo personalista y electoralista.
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Irán, Gaza, Cisjordania, Ucrania… ¡éste es el mundo del Capital!

Los acontecimientos que se suceden en Oriente Medio no nos han pillado, desde luego, desprevenidos. Desde siempre (incluso desde antes de 1945, como se puede ver en las páginas de nuestro Prometeo, publicado en los años entre las dos guerras mundiales), hemos señalado esa zona como una de aquellas en las que las contradicciones capitalistas se hacen sentir con mayor intensidad, estallando de forma cada vez más frecuente y violenta, como ocurría en los Balcanes en torno a la Primera Guerra Mundial. Otra zona de tensiones crecientes tiene su centro en Ucrania: así pues, se puede decir que una única falla de inestabilidad social y política conecta Europa con Oriente Medio.

Desde los años 90 del siglo XX este proceso de intensificación de las contradicciones ha ido avanzando, fruto no de la maldad o la locura de individuos aislados, como la ideología dominante quisiera hacernos creer. Una línea ininterrumpida une todas las guerras (una suma de conflictos) en las que han sido protagonistas y se han visto implicados los principales imperialismos, quizá en diferente medida pero con la misma dirección: la de descargar militarmente, con una destrucción creciente de mercancías, capitales y seres humanos, la crisis de sobreproducción en la que el capital se debate desde mediados de los años 70, sin poder salir de ella. El efecto es pues el de desarticular los viejos equilibrios sin haber esbozado aún otros nuevos: de ahí la sensación de volatilidad, de incertidumbre, de miedo que parece dominar la escena mundial —el caos que tanto desconcierta y angustia a políticos y politólogos, periodistas y comentaristas (¡y a su víctima sacrificial, la tan alabada «opinión pública»!) y que se traduce en penosos debates televisivos y en discusiones de bar. ¡Es el caos del capitalismo en crisis, es el mundo del Capital!

Nada nuevo para nosotros. Se agudizan las contradicciones entre los imperialismos, crecen los gastos militares, aumenta la propaganda belicista a todos los niveles. El discurso nacionalista y patriótico impregna la ideología dominante (y lo hace hasta tal punto que ni siquiera los Estados individuales logran aún constituir alianzas estables) y se difunde con cualquier pretexto y a través de todos los canales: desde los eventos deportivos hasta los musicales, desde la publicidad hasta los programas de entrevistas televisivos, etcétera. Sin embargo, no hay que confundir esta «guerra generalizada» (o «tercera guerra mundial en trocitos», como la definía alguien) con una tercera guerra mundial ya en marcha: pero, sin duda, así se prepara también un nuevo conflicto interimperialista.

No hay novedades. Y crece la necesidad urgente de la presencia del partido revolucionario, con orientaciones claras que ofrecer a nuestra clase, una clase que aún yace bajo el peso de décadas y décadas de contrarrevolución, agotada, debilitada, dispersa, pero que poco a poco crece en número y se ve cada vez más afectada por crisis económicas y sociales, además de por masacres cada vez más extendidas y crueles. Una clase proletaria que es internacional en la práctica. Así lo demuestran, además de los bien conocidos acontecimientos estadounidenses con la furiosa y asesina agresión a los trabajadores inmigrantes, otro dato impresionante, y cada vez más evidente en los últimos años y en los últimos conflictos: la muerte bajo los bombardeos, tanto en Irán como en el Líbano y en otros lugares de esa zona devastada, no solo de proletarios «locales», sino también, y quizás sobre todo, de proletarios inmigrantes de la India, Pakistán, Bangladés, Sri Lanka, Nepal, Filipinas, países árabes y otros de la llamada «periferia», periferia que no es tal, porque el centro del Capital está ya en todas partes.

Sabemos bien que bajo el empuje de contradicciones cada vez más fuertes y agudas, que inciden en la supervivencia cotidiana de los proletarios y de las masas en vías de proletarización, esta condición generalizada y dramática está destinada a pasar de la apatía a la rabia y a la revuelta. Precisamente por eso las vanguardias revolucionarias, el partido de clase, deberán estar presentes, habiendo preparado antes el terreno para que la rabia y la revuelta no se agoten o, peor aún, no tomen caminos autodestructivos, y puedan traducirse en cambio en la verdadera movilización contra las guerras imperialistas y por el derrocamiento del modo de producción capitalista que las produce y alimenta. Para que, en definitiva, la polarización social y política no se produzca en nombre de las patrias, sino en el de la lucha revolucionaria por una sociedad sin clases, por el comunismo.

Ante las guerras del Capital la verdad sale a la luz. Los acontecimientos significativos en este sentido se han multiplicado con el tiempo, adquiriendo contornos cada vez más precisos. La «cuestión kurda» es un ejemplo trágico típico (pero se podrían recordar otros). Divididos en varias secciones geográfico-nacionales, los kurdos —como hemos mostrado muy claramente en un reciente artículo publicado en nuestro Kommunistisches Programm y luego en estas mismas páginas— se encuentran ahora alineados en frentes nacionales opuestos. ¿Acabarán luchando unos contra otros, en nombre de una patria común por crear?

El nacionalismo, por muy disfrazado que esté, es el enemigo al que hay que combatir abiertamente y sin vacilar, por muy minoritarios que seamos, por el momento, frente a todo el bando de los «frontistas» y «campistas», de los «patriotas democráticos y progresistas» —a veces incluso bajo la apariencia de «socialistas»— que inyectan el veneno nacionalista en las venas del proletariado.

¡Clase contra clase, pues, y no «nación contra nación» o «pueblo contra pueblo»! Solo así se podrá salir del callejón sin salida del Capital en crisis destructiva, con sus periódicas matanzas sangrientas y solo aparentemente locas e incomprensibles.

                                                                                                                                 20/3/2026

INTERNATIONAL COMMUNIST PARTY PRESS